martes, 23 de noviembre de 2010

MARISMAS DEL ODIEL: TRAVESÍA CONTRA LOS ELEMENTOS

Desde el jueves viendo los partes meteorológicos en televisión y sobre todo consultando internet: unos que el sábado por la mañana llovía, otros que no, otros que viento, otros que sol... al final acertaron todos.Amaneció un día de “perros”, de estos de estar en casita con el pijama y para encender la candelita al medio día para asar algo de carne o hacer una “tostá” con bacalao a más puro estilo bonariego. Esto para el común de los mortales. Para los running-adictos se presenta una jordana de las que gusta recordar en otras ocasiones.Cuando iba de camino pensaba que no habría nadie. Craso error. Aquello estaba a rebosar. El aparcamiento un poco lejos, pero bueno, cuando vas a recorrer 16 km que mas da dos o tres más. Después me enteré de que había un microbus-lanzadera que te ponía en la puerta del centro de interpretación.
A lo que vamos. Recogida de dorsal y chip (previo pago), con las colas de rigor. Todo muy bien organizado (un 10) y sobre todo yo que llamé por teléfono al coche de avanzadilla (Bonifacio, Carlos y Juan Antonio) y me recogieron todos los “avíos”. ¡Qué cuadrilla!Las nubes se tornaban cada vez más de grises a negras y el viento parecía que quería tomar parte en la carrera. Chaparrón durante más de 20 minutos. Los ánimos lejos de venirse abajo se iban calentando y entre bromas empezamos los estiramientos y calentamiento guarnecidos en los tejados y pórticos que rodean al centro, algunos incluso se atrevían bajo el diluvio. Para rematar el cuadro se va la luz.
En un rato el aguacero amaina, se restablece la corriente eléctrica y el speaker lanza los primeros gritos de guerra. Nos vamos acercando a la salida, los corredores y un medio ciclón que merodeaba por allí. Soplaba tanta ventisca que casi ni se oyó el disparo de salida.Empecé la prueba junto con Juan Bonifacio y Antonio M. Velo y desde el principio rodaba por debajo de 5.00 minutos. Antes del kilómetro 1 no era capaz de alcanzar a Antonio y me había perdido de Bonifacio. Rozando el km 2 me pasó Poveda. Una carrera en solitario y una pista excesivamente llana me invitó a incrementar el ritmo y arriesgar en busca de la liebre del 4.30. Esta apuesta la iba a pagar muy cara.
Antes del km 6 estaba literalmente fundido, a pesar de los ánimos de Juan Martín Vega, que estaba plantado en una de las curvas aguantando estoicamente (con un plástico hasta las cejas y guantes hasta los codos) la rasca que nos estaba reportando el día en cuestión.
Eolo corría en sentido perpendicular a nosotros y hacía aún más difícil la travesía. Por más que me esforzaba no lograba alcanzar al 4.30. Cuando el crono marcaba la hora me alcanza Juan Antonio Martín (dando ánimos como siempre) y pasado el kilómetro 13, ya en marisma abierta y con toda la fuerza de viento en pleno vigor, me pasó el pelotón del 5.00 (Carlos Piñero y Auxi) e intenté pegarme y seguir el ritmo, lo que conseguí (más o menos) hasta el km 15.Un calvario los últimos metros y un alivio el llegar a meta. Escucha uno muchas veces que LA CARRERA SE CORRE CON LA CABEZA, y esto es una verdad como un templo. Esta semana ha sido mala en el trabajo y en la familia, con estrés in crescendo y acumulado y con dificultar para conciliar el sueño. He de reconocer que no he “saboreado” la carrera, ni siquiera he disfrutado del paisaje (como en otras ocasiones). Estaba deseando terminar nada más empezar. El estado anímico hace más del 50% ante una prueba y yo no estaba ni al 10%.
El resto de los linces han hecho un trabajo perfecto; el verde de las camisetas se confundía con el paisaje y la actuación de los “máquinas” del club luce en los resultados. (PINCHA EN LA FOTO PARA VER RESULTADOS COMPLETOS)
Como siempre, el mejor momento es el de mirar atrás y ver que hemos terminado. Que hemos llegado. Hemos empezado. Y elucubrar sobre próximos eventos con la ilusión de un niño pequeño.

José Javier Martín Ramos - Cronista